ANTAGONISMO INCOMPRENSIBLE
Estudios y deportes
Desde hace algunos años, aunque no con toda la eficacia necesaria, se ha desarrollado gradualmente en España la práctica de los deportes.
Lo que ayer fue una visión lejana, una esperanza de sentimientos altamente sanos, es hoy una realidad de afanes deportivos que se manifiesta mas exuberante cada día, ante la cual se conduelen tristemente los enemigos del deporte, divulgando su enemistad con vaticínica melancolía, augurando una decadencia de la educación a través de los siglos venideros.
Hacer constar este desarrollo es decir una verdad que salta a la vista. No obstante, es conveniente que nos ocupemos de tal desarrollo de la educación física, haciendo constar esta verdad, no para probar una vez mas los entusiasmos que hoy se notan hacía los ejercicios físicos, sino para disertar sobre el antagonismo que existe entre el ejercicio del cuerpo y la educación del espíritu.
Bien puede ser verdad esta mengua en los estudios y este irresurgimiento de las celebridades; muchos datos tenemos en la historia para creerlo, pero los mas irreductibles defensores de los antiguos métodos, los mas acérrimos admiradores de los programas de antaño, los pedagogos mas interesados en disminuir el entusiasmo de las juventudes hacia los deportes, bien saben que si la cultura clásica se muestra mas opaca que antes no es causa de ello exclusivamente el amor de los estudiantes al balompié o al boxeo, al deporte de nieve o al ciclismo. Hay en el decaimiento de la intelectualidad causas mas profundas, que no ignoran del todo en los Centros Docentes.
Y esto es preciso decirlo ahora, en la actualidad, cuando surge por todas partes la voz condoliente.
Tranquilicémonos y procuremos extender con meditación profunda una mirada precavida sobre las cosas y las gentes y sobre las costumbres e inclinaciones de los demás.
Es antigua y rutinaria costumbre, la que nos impulsa a desestimar las corrientes modernas.
Tal vez tengan razón los retrógrados desde su punto de vista, que me parece muy personal. Pero no hay razón para dudar de un método nuevo que debiera implantarse en todas las escuelas y colegios y que impondría a los alumnos, no ya una hora potestativa de gimnasia, como se ha establecido en algunos centros de enseñanza, sino varias horas, obligatorias para todos, dedicado a la práctica de algunos deportes reglamentados, que constituirían un recreo higiénico y ameno. Pero esto no sucede, y lejos está de suceder, porque aquellos de cuya voluntad depende la implantación de este nuevo método complementario son precisamente los detractores de la idea deportiva, que han quedado en la estática contemplación de una vieja costumbre de cuyos defectos aún no se han dado cuenta.
¿No sería mejor acostumbrarse paulatinamente al ejercicio que desarrolla al mismo tiempo las facultades mentales y los músculos del cuerpo?
Casos se dan de muchachos excesivamente aplicados y listos que, por consagrarse solamente al ejercicio de la inteligencia, se debilitan de tal modo que mueren en la flor de su juventud, desapareciendo con ellos la esperanza, tal vez, de una celebridad por no haber fortificado su constitución, complementando con el ejercicio físico el esfuerzo mental.
Mens sana in corpore sano. Un espíritu sano en un cuerpo sano también. ¿Se halla rotulado en las aulas de las Universidades, institutos? ¿Estiman en los Centros docentes este pensamiento? No; y, sin embargo, ved a las juventudes estudiantiles pedirlo a voces. Si alguna mañana pasasteis por la Plaza de España u otras análogas cercanas a Centros de cultura, durante los meses de estudio, habréis visto una multitud de mozuelos jugando al balompié (valga la frase) con una pelota de cinco centímetros, desordenadamente, aprovechando el rato que les queda de una clase a otra. ¿Es ese el afán deportivo que produce la mengua en los estudios?. Yo creo que si; porque es muy de chicos desear todo aquello que se hace a hurtadillas de los padres y profesores. Pero esa mengua desaparecería si tuviesen en el mismo instituto medios de solazarse al salir de clase, desentumeciendo sus miembros al aire libre con un juego ordenado, que, por ejercitarse en el colegio o instituto y bajo la inspección de elementos competentes, evitaría seguramente el que los adolescentes aprendieran infinidad de rutinas callejeras, tan perjudiciales a su espíritu como a su cuerpo.
Por otra parte, “la privación – dice el proverbio – es causa del apetito”, y quien sabe si no ejerciendo esa coacción contra los deportes trocarían los muchachos el afán loco, que sinceramente podemos declarar excesivo y perjudicial hacia ese deporte clandestino, en un entusiasmo razonado y legítimo, proporcionado y justo por el deporte reglamentado, que disciplinaría al mismo tiempo que el cuerpo, haciéndolo flexible y ágil, robusto y firme, el espíritu, adquiriendo actividad, confianza en si mismo, voluntad inquebrantable y, sobre todo, esa intachable virtud que hace enérgicos a los hombres.
Bien queda demostrado que la cultura en España no es completa, ya que no estan conformes los educadores con el concepto latino mencionado. Se disciplina el espíritu, a veces demasiado, sin disciplinar al mismo tiempo el cuerpo
¿Es que no pueden unirse la cultura física y la educación del espíritu? ¿por qué ese antagonismo entre ambas educaciones?
Los partidarios de la rutina desprecian, naturalmente, las cosas nuevas, aunque sean inmejorables, porque todavía no las han visto acreditarse, porque su valor es supuesto en nuestro país y aún no se han convencido de sus ventajas; las desprecian porque la rutina no les permite mirarlas por el lado bueno, mortificando sus preferencias personales y pervirtiendo sus gustos. Por la rutina mucho mas se hicieron enemigos que partidarios de los deportes. Pero los intelectuales retrógrados, guiados por su buen criterio, pueden ver con buenos ojos y estimar las corrientes modernas si se apartan de la legendaria rutina.
Día ha de llegar en que, tal vez a pesar suyo, tendrán los pedagogos que seguir el unánime empuje de las nuevas generaciones a favor de la educación física.
Algunos habrá que, indiferentes, se opondrán al avance, porque ven exageraciones en la juventud. He aquí la labor de los educadores. Encauzar, dirigir la práctica de la cultura física, hacer selecciones, establecer programas, y los estudios nada menguará, con la difusión de los deportes.
Déjese a los estudiantes solazarse al aire libre. Consagrarse ordenada y metódicamente a la vida sana, entusiasmarse por los vencedores en los pugilatos, estimulándoles con premios y concursos para que se animen y decidan los tímidos a desarrollar sus músculos, ejercitándose en todos los deportes que tanto provocan la emulación de nuestros jóvenes estudiantes. Así trabajan por la raza, por España y por ellos mismos. ¿Habrá quien se oponga a ello? Concíliese el estudio y el deporte, que el uno no es obstáculo para el otro; lejos de perjudicarle, le completa.
La afición al campo y al deporte, el amor a la Naturaleza aparta a los adolescentes de esa mala curiosidad mundana que tantas víctimas produce. Delicado e importante problema por resolver, que conocen bien los educadores.
Los afanes deportivos de las juventudes de hoy están de acuerdo con los métodos de las fuentes y antiguas humanidades.
Su espíritu y sus entusiasmos gozan espontáneamente la misma inspiración de los consejos que encontramos en los autores griegos y latinos.
Unamos la teoría a la práctica y obedeceremos al deseo del poeta griego, que, después de consagrar las estrofas de su canto sentimental al vencedor de la carrera o de la lucha en las arenas del estadio, apetecía para los hombres jóvenes la armonía del cuerpo y del espíritu, el amor a la fuerza, a la disciplina y al orden.
El carácter típico de nuestra raza está por su origen suficientemente dotado de virtudes y condiciones para llevar a la práctica este nuevo método.
¡Conste, pues, señores pedagogos, señores educadores, señores facultados para la instrucción primaria, que solo es comprensible este antagonismo en aquellos que por respeto al abolengo de la legendaria rutina desestiman las corrientes modernas, desprecian las costumbres que impone el progreso y siguen los viejos métodos; en aquellos que continúan los procedimientos educativos de antaño, rigiendo la instrucción de las juventudes españolas por leyes de hace siglos y ejerciendo el cumplimiento de sus deberes, en perjuicio de la Madre común, de las nuevas generaciones, de sus propios hijos, exentos del delicado patriotismo que debe nominar en el espíritu de todo ciudadano y mucho mas en el ánimo de aquellos a quienes está encomendada la difícil labor educativa, de cuyos éxitos dependen en gran parte los destinos de España. José Montejo Leonor Agosto de 1.917
No hay comentarios:
Publicar un comentario