PROMESAS QUE SE CUMPLEN
Otro día más de júbilo para Villacarrillo. Hemos tenido la honra de recibir la visita de los ministros de Hacienda y Obras Públicas y este pueblo noble y acogedor se ha desbordado en alegrías y lágrimas también. Lágrimas de emoción, exposición espontánea y sincera de un sentimiento de afecto y de fervor para sus ministros, que sale al exterior de su ser para manifestarse en su rostro de una manera sencilla pero franca. He asistido a esta visita entre la gente llana, mezclado entre la masa, esta masa que constituye el verdadero pueblo, el Juan Español de este rincón de mi Patria y las escenas que he presenciado y los comentarios que he oído me han llegado al alma.
Curtido en la experiencia de los años, presencié en mi vida muchos actos análogos a este, muchas visitas de personalidades a otros pueblos de España, y en ninguna de ellas he podido apreciar como en esta una sinceridad tan espontánea, ni un lenguaje en los jerarcas visitantes tan justo, tan sencillo y familiar.
Las palabras de los ministros, exentas de ampulosidades oratorias y de retórica, elocuente en la forma, al estilo de los antiguos politicastros, sin aquellas frases de latiguillo que arrancaban ovaciones, propias de un entusiasmo espontáneo pero efímero, hijas del momento, han sido en cambio la expresión que sale del corazón cuando lo que se dice se siente y además corresponde a la verdad de unos hechos que se están consumando, por aquellos que sin reservas de segundas intenciones, tienen sus esfuerzos puestos noblemente al servicio de una causa tan justa como el engrandecimiento de una Patria.
Y es que estas alegrías y estas lágrimas de emoción las produce el convencimiento propio e íntimo de un pueblo que ve paso a paso convertirse en realidad las promesas de su Caudillo. Franco les dijo en su aún reciente visita del mes de junio pasado que él no prometía lo que no tenía la seguridad de cumplir y que sus promesas siempre se transforman en realidades. Y este pueblo que acogió con júbilo las promesas de Franco ha visto paso a paso como se iban cumpliendo. Un día era la aprobación en Consejo de Ministros de los planes de ordenación económico-social de la provincia; otro; la presencia de unos banderines sobre los predios regables y sobre la ruta de abastecimientos hidráulicos y hoy la visita del Ministro de Obras Públicas que viene a confirmar lo dicho por el caudillo, no hace aún once meses. Y cuando un pueblo que está acostumbrado a oír promesas que no se cumplen y a contemplar el abandono estatal absoluto, que se halla sumido en un complejo de desilusión y de desesperanza, se ve gobernado por hombres de corazón que no le engañan y que cumplen las promesas con eficacia y prontitud, no puede por menos de convencerse y brotar su interna e intensa emoción al exterior de sus ojos convertida en perlas de su alma. Este es Juan Español, sencillo y noble; que lo mismo que un día asoma la fiereza de su corazón bravo y heroico, hecha balas de plomo, en tierras de Bailén, asoma hoy la dulzura de su amor hecha perlas de su alma, como ofrenda de merecida gratitud a quienes saben conducirse por los caminos de la justicia, de la paz y del bien, sin otro afán que el de servir a su Patria por amor al prójimo y a Dios.
Pero no es solo Juan Español el que llega a expresar claramente su emoción en momentos como este; también hemos visto hoy en los rostros de los Ministros una inocultable emoción.
Y es que en momentos como este, en que la verdad reina en el ambiente por obra y gracia de Dios, sin reservas mentales de segunda mano, y la pureza de las conciencias flamea al aire, el alma de los de arriba y de los de abajo se abraza, en un abrazo de amor puro y sincero en la más elocuente expresión de la belleza del alma nacional.
La gran empresa que Isabel y Fernando coronaran de la unidad patria, es otra vez meta de nuestros afanes; esta hermosa unidad entre los hombres y entre las tierras de España que de nuevo va forjándose y consolidándose bajo la gloria égida de nuestro Caudillo.
Mayo 1.952
domingo, 18 de noviembre de 2007
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