El gato Cascabel quiere ser poderoso
En una aldea pequeña y pobre de una de las mas abruptas sierras de España vivía un matrimonio sesentón, sin hijos ni preocupaciones económicas, ya que, dada la abundancia de frutos de que en aquella aldea se disfrutaba, la vida era tan barata que a Don Cenón y Doña Florinda, que así se llamaban los viejos de mi cuento, les bastaba para vivir y aún le sobraba, con la renta de unos prados próximos, y con las frutas y verduras del huerto de su vieja casona, amén de algunos conejos, gallinas y pavipollos, que del corralón se subían casi a diario, a sucumbir bajo el golpe feroz del puño o del cuchillo de Severiana, la también vieja y gruñona cocinera del matrimonio, operación que contemplaban con verdadero deleite, nuestro héroe el gato “Cascabel” y su compañero “Bicicleto” los dos animalitos predilectos, a veces, de Don Cenón y Doña Florinda y digo a veces, porque cuando Don Cenón se hallaba de buen humor todos los mejores trocitos de pollo o de conejo se le hacían pocos para obsequiar a sus gatitos acompañando el obsequio con frases como esta - ¿De quien es este corazoncito tan riquito, del pollo “Matamoscas y pico”?. Y no había terminado de decir -¡Mío!- cuando el corazoncito de Matamoscas caía en la boca semiabierta de Cascabel o entre las garras hábiles de su compañero Bicicleto. Otras veces era colmo de felicidad para ambos la falda de Doña Florinda, con aquellos deliciosos paseos de su mano rugosa y blandengue sobre el suave y brillante lomo de cualquiera de ellos, pero a cambio de estas horas felices de mimo y gula, cuando Don Cenón se levantaba de mal talante, además de oírse los alaridos en Alicante, como le sucedía a Don Quintín el “amargao”, se celebraban carreras por toda la casa y hasta por fuera de ella, en las que Cascabel y Bicicleto actuaban de entrenadores delante de las punteras de Don Cenón y cuando no andaban listos o una revuelta les era desfavorable, “derrapándoles” las garras traseras, las dichas y duras punteras de las botazas de Don Cenón, llegaban a la zona “antirrábica” de los gatos ofendiendo groseramente su parte mas íntima y reservada.
Esto, y algunos otros acontecimientos que hubieron de suceder en algunas otras ocasiones, tales, como aterrizajes violentos desde el balcón de la tortea, donde Don Cenón tenía su despacho, hasta el jardín, a donde veíanse los pobres gatos, obligados a tomar tierra con sus cuatro garras abiertas cuanto posible les era, no obstante lo cual, llegaban al suelo, por entre los espinosos rosales, con sus partes blandas laceradas, como cuerpo de mártir, hízoles pensar y meditar con detenimiento una y mas veces sobre la rezón o causa de aquel poder que sobre todos los de la casa gozaba Don Cenón y unas veces lo atribuían a los largos cabellos, otras a sus bigotes encrespados, y otras, en fin a sus botazas de campo engrasadas.
Deseoso Cascabel a la manera de D. Quijote de la Mancha, de sesfacer aquellos entuertos, y de gozar de un poder análogo o superior al de su amo ideó y hasta llegó a probar diversas combinaciones en cuyas pruebas actuaba Bicicleto a modo de Sancho desanimándole y censurándole sus audacias, pero cascabel, fiel a sus ambiciones y firme en sus propósitos continuó erre que erre en sus probaturas. Desechaba la idea de que la causa de tal poder radicase en los cabellos o en los bigotes puesto que tanto Bicicleto como Cascabel gozaban de ellos y no por tal disfrute llegaban a ser poderosos, solo les quedaba algo firme la hipótesis de que el poder y la fuerza de Don Cenón radicase en sus botas, que era lo que de tal poder llegábales mas de cerca, y hasta tocábales mas directamente algunas veces, y desde que esta idea afluyó a sus felinas mentes, se dedicó Cascabel a estudiar la manera de proporcionarse unas botas y pensando, pensando, se le ocurrió y puso en la práctica lo siguiente:
Subió al granero, de un gran montón de nueces que en él había, sacó dos o tres de ellas y comenzó a jugar dándoles fuertes golpes con ambas manos haciéndolas chocar contra las paredes, hasta que por cuyo procedimiento, logró disponer de cuatro medios cascarones dentro de los cuales introdujo sus cuatro patitas y comenzó a andar, orgulloso de su ingenio y con la esperanza de haber logrado un poder igual o superior al del iracundo D. Cenón. Pero no bien había traspuesto la puerta del granero y comenzando a bajar las escaleras entre resbalones y piruetas cuando apareció D. Cenón, que salió al oír el ruido extraño que producía Cascabel al bajar, temeroso el pobre gato, de las iras de su amo, se coló como pudo por la puerta del salón principal de la casa, sobre cuyas losas de mármol, resbalaba, se caía, pugnaba por levantarse, tornábase a caer y se retorcía en tan graciosas contorsiones por tenerse en pié, sin lograrlo ni un solo momento, que D. Cenón no pudo menos de soltar una diabólica carcajada que atronando la sala entró en lo mas hondo del corazón de Cascabel dejando en él grabado el testimonio de su mas rotundo fracaso.
Pocos días le duró a Cascabel la tristeza. Una tarde de sol esplendente con cálidas brisas de avanzada primavera hallábase acompañado de su fiel aunque tímido compañero, y volvíase a someter a discusión el eterno tema.
-Te habrás convencido,- decía Bicicleto- de que el poder de D. Cenón no consiste en las botas-
-Pues en algo ha de consistir y yo no he de cejar hasta averiguarlo- respondió con energía.
-No creo que lo logres, Cascabel, pues de no consistir en los cabellos, ni en el bigote encrespado, ni en las botas ¿en qué puede consistir?.
Al nombrar las botas puso Bicicleto en la palabra tan intencionada ironía, que excitó a Cascabel en lo más sensible de su amor propio y éste soberbio de suyo, como todo el que ambiciona poder, le repuso con toda la vanidad de su felina pedantería.
-Te dije que lo averiguaría y ya lo averigüé- El poder de D. Cenón consiste en las gafas- Con esta genial manifestación de Cascabel, queda Bicicleto perplejo ¿tendría razón, su endiablado y audaz compañero? Pronto habría de saberse. Cascabel no es gato que repara en obstáculos, y su optimismo, su audacia y su valentía eran capaces de arrastrarle a las hazañas mas extravagantes y heroicas. Así pues, tan pronto como tuvo ocasión de aprovechar un descuido de D. Cenón se apoderó de sus gafas y se las colocó hábilmente sujetándolas a la cinta de su collar, más ¡oh dolor! Cascabel no veía con aquellas gafas, era tal la confusión de objetos y de luces que, de momento, descorazonaron al valiente animal y abatieron las alas de su audacia. Pero, Cascabel era tenaz, como una mosca a la hora de la siesta y a fuerza de mirar, cerrar los ojos, abrirlos de nuevo y cerrarlos alternativamente, pudo dar con el secreto de aquellos endemoniados cristales. Don Cenón era miope de un ojo y tenía la vista cansada en el otro, un cristal era de disminución y el otro de aumento de modo que mirando por los dos cristales no había manera de ver más que nubes y bultos raros. Ahora bien; mirando por un solo cristalesto es cerrando un ojo, se veía todo pequeñito, pero muy claro y alternando se veía todo también muy claro pero muy grande y aumentado.
Cascabel, ensayó, probó y practicó durante un buen rato la mirada por ambos cristales y después de varias meditaciones abriendo y cerrando los ojos alternativamente, se decidió por el cristal de disminución esto es, para ver todas las cosas pequeñas y mirando solo por este cristal salió al jardín y comenzó a pasear encontrándose con su compañero Bicicleto a quién vio tan pequeño que creyó firmemente en el éxito de su empresa y ya estaba dispuesto a entrar a vengarse con toda su furia del inclemente D. Cenón cuando al ir a subir la escalinata de entrada, como la veía tan pequeña se equivocó en la medida del salto y dio con la nariz en el borde del primer escalón rompiéndose al mismo tiempo el cristal de disminución y lo que fue peor, hiriéndole algunos cristales el ojo por lo cual ya solo pudo ver por el cristal de aumento. Intentó de nuevo el salto y como esta vez lo calculó con el cristal de aumento, una sola etapa bastó para subir los ocho o diez escalones yendo a caer ante la misma puerta de la casa. De nuevo renacía el entusiasmo, cuando,¡OH triste realidad de las compensaciones! En aquel mismo instante apareció sobre el umbral de la puerta la puntera de una de las botas de D. Cenón, tan gigantesca y monumental que al verla Cascabel a través del cristal de aumento, se aterrorizó de tal modo, que agolpándose en su cabecita atigrada, tristes recuerdos de tiempos pretéritos, huyó tan aturdidamente que rodó las escaleras y fue a dar con la nuca contra la esquina de un pedestal, sobre el cual lucía gallardamente un grupo escultórico, que representaba a la soberbia vencida por la humildad..
D. Cenón, Doña Florinda, Severiana y Bicicleto hicieron a Cascabel las honras funerarias allí en aquel mismo lugar a donde le había llevado a encontrar la muerte su desenfrenada ambición de poder.
Sobre la sepultura de cascabel, colocó Bicicleto un epitafio que decía:
“Aquí yacen los restos de un ser viviente, por no conformarse con lo que Dios le dio”
domingo, 18 de noviembre de 2007
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