domingo, 18 de noviembre de 2007

EL PAN BENDITO


Radiada el 29 de abril de 1.952


En la crónica radiada el pasado jueves aludía al final de ella, a la laudable iniciativa de la Real Archicofradía des Santísimo Cristo de la Vera Cruz, para revivir la hermosa tradición de repartir entre los pobres el pan bendito del Cristo y hoy estimo pertinente dar referencia a este tema y dedicarle por entero la crónica de este día.

Dije en mi crónica anterior que esta bella y hermosa tradición es tan legendaria como peculiar en muchos pueblos de España y en efecto es así.

En mis múltiples andanzas por las tierras de nuestra hermosa y bendita Patria tuve más de una ocasión de asistir y presenciar esta fiesta en diversos lugares de varias regiones, unas en castilla, otras en Aragón, otras en Extremadura, otras en Levante y otras en esta hermosa Andalucía, cuyo cielo de un azul sin igual, nos dice de una manera constante y perenne que es la tierra de María Santísima.

Podría relatar y describir minuciosamente muchas de ellas, que recuerdo perfectamente ya que tan gravadas quedaron en mi memoria pero como esto no es posible en tan corto espacio de tiempo, me limitaré a contar tres anécdotas que revelan el entusiasmo y la fé con que se celebra esta fiesta.

En Riaza, provincia de Segovia, de donde era natural el eminente Dr. Tapia tienen la costumbre de llevar el Pan Bendito desde la Iglesia parroquial al lugar de la distribución, los propios donantes figurando en la comitiva los ricos labradores, llevando su reata de mulas del ronzal, (mulos cargados de pan, claro está) y ataviados con el traje típico del país. En la fiesta de este pueblo tuve la ocasión de admirar al propio Tapia, con su chaquetilla, con grandes botones de plata, su calzón corto, sus medias de lana recias y blancas, sus zapatones y su sombrero de queso tirando del ronzal de una de sus mulas. En aquel momento el eminente laringólogo había dejado en casa la vanidad, de su ciencia con su instrumental quirúrgico y había cogido los atributos de la humildad para, de una manera sencilla pero noble, rebdir culto a la caridad y a la fé.

En otro pueblo de Aragón, Alcolea del Cinca, de la provincia de Huesca, llevan el Pan bendito desde la Iglesia hasta el monte de la Santa Cruz a más de media hora de camino agreste y empinado, los generosos donantes y sus familiares en sacos cargados sobre sus costillas y estableciendo un pugilato por ver quién lleva más pan sobre sus espaldas. Allí vi a un ilustre prócer de noble familia aragonesa, Don jacinto Antonio de Pitarque y Elío, Marques de las Hornazas, de la familia de los marqueses del vadillo y de los Duques de Bailén, con un saquito con cuatro panes de kilo. Tenía 86 años y no había faltado ni uno solo desde los seis años. es decir había subido al monte de la Santa Cruz



con el Pan Bendito de Cristo sobre sus costillas. ¡Ochenta años, sin faltar uno solo!

¡Tal es el entusiasmo y la fé por esta fiesta!.

Y por último la anécdota que más me impresionó y me sigue impresionando, porque nos dice lo que es la Fé y nos demuestra, además, que Dios dá ciento por uno, es la que presencié en la fiesta del Pan Bendito de Cristo en un pueblecito de unos mil habitantes de la provincia de Ávila. En Cuevas del valle.
Allí subastan las andas del Santísimo Cristo y el año 1.922 hace justamente 30 años,, en el momento en que estaban voceando el tanteo del último puesto empezaron a subir de las quinientas pesetas ¡a las cinco mil! de cien en cien pesetas al principio y de 250 en 250 al final, y ya se iba prolongando la puja cuando una voz gritó ¡¡cuarenta mil pesetas!! Pero ¿quién fue el valiente que dio 40.000 pesetas y por que? Aunque os canse ahí vá un poquito de historia. Un mozo del pueblo a quien llamaban “El Habanero” (porque su padre emigró a la Habana y regresó con un capitalito en aquellos tiempos respetable) había salvado la vida en África, cuando el desastre Anual, encomendándose al Santísimo Cristo y ofreciéndole llevar las andas en la primera fiesta y viendo que la puja subía y que se quedaba sin poder cumplir la promesa, dijo - ¡si me dieran cuarenta mil pesetas por mis tierras las ofrecía ahora mismo! – y un pequeño capitalista que estaba junto a él le contestó- ¡ofrécelas que yo te las doy! y así fue él las ofreció y el otro se las dio. Pero hay que tener en cuenta que las tierras era lo único que poseía “El habanero” y que el que las compró pagó mas del doble de su valor real. Y cuando a uno y al otro le censuraron su inmediata manera de proceder dijo “El habanero” - Si me salvó El Santísimo Cristo la vida ¿qué me importa lo demás? y el comprador de las tierras repuso; -¡Tenía que cumplir su promesa! Dios me lo dará por otro lado.

Y en efecto; han pasado 30 años y hoy, “El habanero” es Don Primitivo del Cerro propietario de una de las mejores fábricas de harinas de la Provincia y el otro que en aquel entonces no tenía más que un capital que unas sesenta mil pesetas es Don Bernardo Villegas dueño de una de las mayores dehesas de la Sierra de Gredos.

tal es el entusiasmo y la fé por esta fiesta y tal es la bendición de Dios para aquellos que de todo corazón saben honrarle.

Por esto, estimamos fundamental, para el prestigio de la religiosidad de Villacarrillo la restauración de esta fiesta tradicional y estimamos también que todos aquellos que de corazón amen a nuestro Santo patrón deben contribuir con sus limosnas y con su presencia al engrandecimiento de tan bella costumbre.

La Real archicofradía, lleva ya adelantados todos los preparativos para el mayor esplendor de la fiesta y nos ruega (y nosotros lo hacemos con muchísimo gusto) que hagamos constar desde este micrófono su





agradecimiento a los generosos donantes que han aportado ya sus limosnas y roguemos en su nombre a los señores que aún no las han aportado lo hagan con la mayor brevedad posible al objeto de la mejor y más amplia organización del reparto.

¡Católicos de Villacarrillo! Ya que Dios este año, ha fecundado nuestros campos con tanta prodigalidad como el año pasado demostradle vuestra gratitud honrándole en esta fiesta.

Bajad a vuestras bodegas, subid a vuestras cámaras, mirad con detenimiento y meditación vuestras tinajas de aceite y vuestros trojes de trigo y acordaos siquiera por un momento, de aquellos que carecen de todo y con la fé en Dios, solo esperan de vuestra caridad. Abrid para ese día vuestras manos y llevad a los hogares más humildes y menesterosos el Pan Bendito de Cristo.
¡Que Villacarrillo renueve la tradición de esta fiesta de la caridad cristiana, y no quebrante su peculiar y legendaria gratitud al Cielo!
Y que el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, nuestro Santo patrón, abra sus divinos brazos para todos.

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