EXCURSIONISMO PEDESTRE
El andar tierras, y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos. (Cervantes)
En la primavera pasada han organizado los “Amigos del Campo”, un concurso que consistió en el recorrido de los pueblos madrileños.
En el hemos tomado parte algunos entusiastas camaradas, realizando excursiones, cuya amenidad fue tan indescriptible, tan insólita casi, que hago votos porque las cotidianas labores a que la vida me obliga, puedan pronto darme lugar para hallarme otra vez en el pleno gozo del solaz que proporcionan tales amenos recorridos.
Un excelente amor a todos los deportes, me indujo siempre a realizar numerosas excursiones en todos los medios de locomoción que el siglo en que vivimos pone a nuestro alcance.
El tren, el auto, la moto, la bicicleta y el caballo, fueron en múltiples ocasiones el medio locomotor de que gusté durante mis andanzas. Y puedo aseguraros que ninguno de ellos llegó a responder al ideal de mis entusiasmos campestres.
Si en el tren, porque desfilan ante nuestros ojos cientos de paisajes distintos con la velocidad del sueño, privándonos del inefable goce de su admiración.
Si en el auto y la moto, porque además de adolecer de igual defecto, restan al campo la mas principal de sus bellezas; el salvaje aspecto natural.
Siempre mis entusiasmos inclináronse al turismo pedestre. No se que hay en esas amenas excursiones, que los ratos que, en carreteras y caminos de herradura, perdí en amable compañía con arrieros y caminantes, dejaron en mi espíritu la agradable impresión de algo que no se olvida. Tal vez la ignorancia de aquellos campesinos que permite ver su fondo humilde y bonachón tras la ingenuidad de su burdo lenguaje. El medio ambiente de aquellos seres rudos, que préstase a una profunde investigación psicológica reveladora de los defectos de raza, como se prestan también a sociológicos estudios, sus casas, sus haciendas, sus originales contratos o convenios mercantiles y agrarios, sus costumbres y su vida eterna.......
En la locomoción, veloz todo es vehemente. Una nerviosa excitación que parece abrumar el pensamiento. Lo que desfila ante nosotros, lo vemos con una rapidez privativa de toda educación, de todo estudio. Apenas aparece el poético aspecto de la aldea solitaria, motivo de lenta meditación, cuando la aparición rápida de un nuevo paisaje borra de la mente del viajero toda sensación de poesía.
Mientras que, en el campo, caminando con peregrina lentitud a través de las parcelas productivas o estériles, cualquier aspecto notable en las soledades, es objeto de detección en la marcha y rara vez priva al caminante de la agradable sensación de lo nuevo, de lo extraño. ¡ Cuántos buenos ratos pasé ante los derruidos muros de un viejo caserón centenario, escudriñando sus destartaladas habitaciones y pasando por mi mente investigadora el recuerdo de toda una historia rancia y austera, o inspiradora tal vez de una gloriosa epopeya!.
Y, sin embargo, la generalidad gusta mas de los medios veloces que de la lentitud del andariego. El resultado obtenido en el reciente concurso a que hice referencia al comienzo de estas líneas, es la mas terminante demostración de este gusto.
Solo un reducido número de amigos hemos realizado algunos recorridos de pueblecillos madrileños, gozando de la variedad de aspectos que ofrecen al pasajero los campos y poblados.
De la inefable amenidad de estas andanzas, testigos son mis nobles camaradas.
Y no gusta la generalidad de estas excursiones pedestres, porque al caminar horas y horas a lo largo de las carreteras. A su mente suele acompañar la mas despectiva indiferencia, hacia los lugares que van dejando a uno y otro lado del camino; porque estos no suelen ser nunca motivo de conversación; porque excluyen de sus pensamientos, el de los paisajes que atraviesan. ¡Lamentable exclusión motivadora del desdén hacia lo bello e interesante!
Yo me permito aconsejaros, camaradas, los que no gustáis del turismo pedestre, que os lancéis a caminar por las áridas estepas castellanas, escudriñando sus rincones, en busca de los múltiples motivos y pongáis vuestro pensamiento en ello. Visitad los típicos paradores castellanos, cenad en ellos, pasad allí la noche, y veréis ocurrencias para vosotros ignoradas.
Vuestra visita a las aldeas y unas horas de vida en íntima relación con aquellas gentes, harán honor al pensamiento de Cervantes:
“El andar tierras y comunicar con diversas gentes, hace a los hombres discretos.
José Montejo Junio de 1918
domingo, 18 de noviembre de 2007
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