Insistiendo sobre un deficiente servicio de viajeros.
Bajo el título “Jaén capital de la Provincia”, en estas mismas columnas y en el nº correspondiente al día once del actual, se ha publicado, previo un comentario de redacción, que de veras aplaudo, una carta abierta escrita por el industrial de Orcera D. Pedro Navarro Navío, en la que se lamenta de la deficiente comunicación de los pueblos de la Sierra de Segura con la Capital de la Provincia.
Como el problema es general y afecta, no solo a la comarca que alude el Sr. Navarro Navñio, sino a otras de la provincia y reviste caracteres de trascendencia, no he podido resistir a la tentación de echar “mi cuarto a espaldas” en este asunto escribiendo esta añadidura al tema por el que rompe lanzas Orcera.
Efectivamente el panorama del transporte de viajeros por carretera en esta comarca es penoso. Pensar que desde algunos pueblos se tarda menos en trasladarse a la Capital del reino que a la Capital de la provincia es algo que descorazona al temperamento más templado. Como también desalienta el pensar que los habitantes de Santisteban, castelar y Sorihuela pera resolver los asuntos oficiales en Villacarrillo, cabeza de su partido judicial, que no dista más de veintitrés kilómetros, tiene que hacer noche en Beas de Segura a la ida y al regreso; es decir, salir, por ejemplo, un lunes para volver un miércoles, o lo que es lo mismo, emplear tres días en un trayecto de no más de veintitrés kilómetros.
Pero siendo pavoroso el panorama de la organización o distribución de los servicios, no lo es menos el de la insuficiencia de los mismos. Por ejemplo; el coche que sale una vez al día (menos los domingos) de Siles con treinta o cuarenta plazas, tiene que recoger viajeros de Siles, Benatae, Orcera, La Puerta, Puente de Génave, Arroyo de Ojanco, Beas, Villanueva, Villacarrillo etc., aldeas y cortijadas próximas a los situados en línea, lo que ocasiona a diario la rápida congestión del único medio de transporte y la pérdida de viaje de numerosos viajeros que no tuvieron la suerte de alcanzar billete. Esto da lugar al bochornoso espectáculo de la “mendicidad” del transporte y así vemos con frecuencia en las carreteras los “buscadores de combinaciones” (*) que paran, o mejor dicho, intentan parar a los camiones de transportes de mercancías, que las más de las veces, pasan de largo solemnes y despreciativos sin dejar siquiera la consoladora frase de “perdone por Dios, hermano que otra vez será” Eso sí; si algún camión se aventura a llevar viajeros, corre el riesgo de tropezarse con la Guardia Civil, que, cumpliendo con su deber, denuncia al transportista y al viajero, defendiendo, indirecta e inocentemente, (ya hemos dicho que cumpliendo con su deber) los intereses privados de una empresa que, tranquilamente satisfecha, navega sobre la nave de unas disposiciones anticuadas.
Este es, precisamente, el mal; las disposiciones anticuadas. Si no recuerdo mal, las disposiciones por que se rigen las disposiciones de exclusivas de las clases A y B fueron dictadas en la época de la dictadura del inolvidable General Primo de Rivera, que en aquella época de anarquía del transporte de viajeros por carretera constituyeron un beneficio notorio para el público ya que, si bien gozaban las empresas del privilegio de exclusivas estaban sometidas a ciertas y determinadas obligaciones que aseguraban un servicio capaz, regular y perfecto, dando al traste con los innumerables cacharros indecorosos y desvencijados que no ofrecían ni seguridad, ni comodidad, ni horarios fijos. Pero hoy la necesidad es otra y el número de habitantes otro también y también muy otras las exigencias de la vida moderna y no tiene ya razón de ser un régimen de exclusivas de hace casi treinta años que se han transformado automática e inolvidablemente en un régimen de protección, poco equitativo, de empresas privadas que aumentan cómodamente sus dividendos en perjuicio de los intereses generales, tan respetables como los de cualquier empresa y lo que es peor, en perjuicio, indirecto, pero perjuicio al fin, de la economía Nacional.
¿Qué está en manos de los poderes públicos la solución? ¡Que duda cabe!; pero no pretendamos que los poderes públicos se transformen en prestidigitadores que adivinen hasta el metal del reloj que llevamos en el bolsillo. Los poderes públicos del actual régimen vienen afrontando y resolviendo con la mejor buena fe y el mayor espíritu de justicia todos los problemas de que tienen conocimiento y este podemos estar seguros de que lo resolverán cuando lo conozcan a fondo. pero es menester que se lo hagamos conocer. Y no es, precisamente, el particular, por su propia cuenta, ni la prensa con su influencia, a veces eficaz, y a veces, por fugaz, olvidable, las que pueden resolverlo. Son los municipios y los sindicatos de los pueblos a quienes afecta el problema en cuestión, por conducto de sus diversas y ascendentes jerarquías, los llamados a hacer llegar a las altas esferas el conocimiento de esta urgente necesidad que, verdaderamente, va siendo ya imperiosa. Y somos, en primer lugar nosotros, los ciudadanos que padecemos la llaga los que debemos pedir el remedio a esos sindicatos, ya que, unos como agricultores, otros como industriales, etc., etc., los formamos y constituimos.
Este es, y no otro, según mi modesta manera de ver y de pensar, el camino a seguir para resolver esta cuestión por la que tanto claman no solo los vecinos de Orcera, sino los de todos los pueblos de esta comarca y tal vez también los de otras cuyas quejas no hallan podido llegar aún a nuestros oídos.
Las demás lamentaciones no serán sino un estúpido plagio del perrito que pasaba la noche, muy serio y muy formal, ladrando a la luna.
Jaén 15-11-1.953
(*) Nota del traductor.- (Hoy día llamados “autostopistas”)
domingo, 18 de noviembre de 2007
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