domingo, 18 de noviembre de 2007

FIESTA DE LA CRUZ EN VILLACARRILLO

Al Sr. Arzobispo de Sión le fue impuesta la medalla de archicofrade de honor.

Justamente hace un año publiqué un artículo en estas mismas columnas en la que hacía referencia a la restauración de la bella y antigua tradición de dar a la fiesta de la Cruz, el rango que merece, y hoy, justamente un año después, me cabe la inmensa satisfacción de comprobar que las siembras de ayer no cayeron en terreno baldío ni fueron las semillas estériles.

El año pasado se reanudó la antigua tradición y la junta Directiva de la real Archicofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, Patrón de Villacarrillo, que con tanto amor preside el infatigable paladín de la Fe católica, D. Leopoldo Rubiales, con ese ramillete de jóvenes fervientes y hacedores que con el máximo entusiasmo le acompañan en la Junta, mostraron su decidido propósito de superación, sintiéndose insatisfechos; porque aunque el éxito en la iniciación fue grande, mayor era su noble y bella ambición. Su bendita ambición, diremos mejor; que no hay ambición humana que pueda ser bendita sino la de amar a Dios hoy mas que ayer y mañana más que hoy.

Y así, este año, no solo se ha celebrado la fiesta el día de la Cruz sino que se ha inaugurado con éxito la feria de Mayo durante los días uno, dos y tres, viéndose concurrida con numerosas cabezas de ganado de todas las especies domésticas y además, durante los días 30 de Abril y uno y dos de Mayo se celebró un solemne triduo en honor del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, predicando el Rvdo. Padre D. Teodosio Martínez Pardo, Arcipreste de San Lorenzo de El Escorial.

El día tres día del Santo Patrón, se celebró una solemnísima Misa de Pontificial oficiada por el Excmo., y Reverendísimo señor D. Luis Alonso Muñoyerro , arzobispo de Sión y vicario general casternse, resultando el templo, pese a sus grandes dimensiones, absolutamente insuficiente para contener el extraordinario número de fieles en él congregados. Le asistieron de presbítero asistente el M. I. señor deán y vicario general de Jaén, doctor de la Fuente y de diácono de honor el M.I. señor D. Juan Montijano, arcipreste de la S.I. Catedral de Jaén y el Rvdo. señor D. Cristóbal Moreno magaña, arcipreste de Villacarrillo.

Terminada la Misa le fue impuesta al Sr. arzobispo la medalla de archicofrade de honor.

Realizó la transmisión por radio un equipo destacado de Radio Villacarrillo, estación escuela nº 18 del Frente de Juventudes, con ajuste y modulación perfectos.

Terminada la fiesta religiosa le fue ofrecido al señor arzobispo un vino de honor en el domicilio particular del presidente de la Real Archicofradía don Leopoldo Rubiales, al final del cual hicieron uso de la palabra el predicador, Rvdo, Padre Martínez Pardo, para ofrecerlo y el Excmo. señor arzobispo para dar las gracias en sinceros términos de afecto y simpatía. A este acto asistieron todas las autoridades y jerarquías locales.

A las seis de la tarde, el clamor de las campanas aviva el latir de los corazones, el tronar de los cohetes enardece el entusiasmo y dos inmensas filas de mujeres con velas encendidas y voces apagadas en solemne e imponente silencio, rompen la marcha, seguidas de otras dos filas de hombres.

Las calles del trayecto ofrecen un impresionable aspecto. Todos los balcones engalanados; unos con ricas telas, otros con humildes lienzos, otros con reposteros de rancio abolengo; pero todos vacíos. Vacíos, porque todo Villacarrillo se echó a la calle para acompañar al Señor.

Y en medio de este fervor la imagen bendita del Santísimo Cristo, pregonando a los cuatro vientos el Santo Sacrificio del Salvador. Y bajo las andas, la vanidad humana rinde su orgullo a la humildad cristiana... y junto al diplomático, el artesano; junto al abogado, el menestral; junto al ingeniero, el ignorante y junto al opulento terrateniente, el humilde campesino; todos unidos en el mismo esfuerzo por la fe. Hoy, aquí en la tierra, bajo los pies del Cristo; mañana, en la incógnita procesión del infinito, bajo las andas inmensas de la eternidad.

Y como el mas bello exponente de la fe, la penitencia de los pies descalzos de las mujeres en el trayecto de cerca de dos kilómetros.

Y presidiendo solemnemente este acto, esta imponente manifestación de amor, el Excmo. y Reverendísimo señor arzobispo de Sión, vicario general castrense, la más alta jerarquía católica de nuestro ejército; de este ejército español tradicional y legendario que supo con su noble espada, a través de los siglos, talar bosques de herejía, abriendo por las rutas del mundo caminos de Evangelio al paso majestuoso y excelso de la Santa Cruz.

Mientras en la China y en la India, las hordas malditas del Este arrancan de la tierra plantas celestiales, en este rincón que San Fernando sembrara un día de fé aún quedan raíces que profundizan.

Villacarrillo, 12-5-1.953

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