UNA EMOCIÓN QUE NO SE OLVIDA
Muchas fueron las emociones que sentí en mi vida. Muchas; pero pocas de una trascendencia psicológica como la que acabo de sentir, no hace más de diez minutos.
No puedo resistir a la tentación de trasladarla al papel, a vuelapluma, para que en trazos indelebles quede grabada de una vez para siempre.
Hoy hemos tenido en Villacarrillo un día grande, un día que quedará anotado en los anales de su historia como un acontecimiento de los que no suceden con frecuencia sino que en el transcurso de una generación se cuentan con los dedos de una mano y quizás nos sobren cuatro. Pero el hecho en si, con ser de trascendencia grande ya que siempre lo es la visita de un jefe de estado, viene en este caso acompañado de otro de trascendencia psicológica muy digna de tener en cuenta. Tal es la reacción de un pueblo, de una masa, acaso torturada por el infortunio de las circunstancias que pasa en un instante, de la frialdad mortecina de un pesimismo justificado a la gallarda y fervorosa alegría de un optimismo sin reservas.
Franco nos ha visitado y Franco nos ha prometido. Y que las promesas de Franco no son vanas lo pregonan a voces inextinguibles las estelas constructivas que dejó a su paso por las tierras de España en el transcurso de los años.
Conozco a muchas gentes de este pueblo, desde el opulento terrateniente hasta el humilde jornalero y los he visto hace unos minutos apiñados en grupo heterogéneo en la plaza del pueblo, escuchando atentamente primero, y ovacionando con inusitado fervor después, las palabras del caudillo.
Y son precisamente los mismos que, en ocasiones, me comunicaron confidencialmente sus plañideros lamentos.
Si; el caudillo ha venido a Villacarrillo y ha bajado hasta su aldea de Mogón. Ciertamente no esperábamos la honra de esta visita. La honra y la dicha; porque las visitas de un Jefe de estado son honra para un pueblo; pero la visita del Caudillo es también dicha. Dicha refrendada por su palabra prometedora, palabra que siempre se cumplió y que este pueblo escondido y olvidado, sabe muy bien y está seguro de ello, que también se verá cumplida sin tardanza.
He observado estos hecho y me han llenado el alma de emoción. Hechos de trascendencia psicológica en la historia de los pueblos de hoy. El hecho de un Jefe de estado que promete y el hecho de un pueblo que cree en él.
Se decía de los antiguos políticos que no tenían palabra mala ni obra buena. Por fortuna para España hoy no es así. esta antigua creencia la he visto hace un momento rotundamente desmentida en este escondido rincón de mi Patria ante la presencia de un jefe que promete y un pueblo que tiene fe en él. Un pueblo lacerado durante siglos que calma su dolor en un instante con el único sedante de unas palabras de su Jefe. Y es que las palabras y las obras de este hombre providencial están iluminadas por Aquel que todo lo puede.
¡Villacarrillo, estás de enhorabuena! “Surge et ambula”
Levántate y anda... Y no olvides estos momentos de emoción, de una emoción que no debe olvidar nunca y que será para ti muy pronto fecunda en obras, en realidades.
8-6-1.951
domingo, 18 de noviembre de 2007
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