domingo, 18 de noviembre de 2007

LUTO DE ESPAÑA

Cuando el cuerpo de Matías Montero, primer caído de la Falange, quedó inerte e en el suelo, su alma de mártir voló al Cielo extendiendo sobre los ámbitos de España un caudal negro de luto riguroso. Prendido solamente de su tumba hubiera flameado al viento hasta desprenderse y volar con el tiempo al empuje del olvido. Era menester afirmarlo y quiso Dios que sus innumerables pliegues quedaran prendidos de otras tumbas de tantos mártires que supieron rendir su tributo a la misión divina y eterna de España. Y fueron los caídos en las checas y en las prisiones y en los conventos y en las trincheras los que sembraron el suelo español de tumbas y de cruces. Tumbas y Cruces, esparcidas por todos los rincones de España que recuerdan al caminante que a cada una de ellas está sujeto un pliegue del inmenso luto de España. Ellos forjaron con su muerte la victoria bizarra juvenil y gloriosa de nuestra Cruzada y cumplida su misión en la tierra fueron a formar en la guardia eterna sobre los luceros al mando del capitán que en vida supo iluminarlos.

¡Español! cuando en la puerta de tu conciencia oigas los aldabonazos de los egoísmos y las pasiones, si pretendes llamarte español con legítimo orgullo de serlo, ¡no abras! mira al cielo y contempla la eterna formación de los que dieron sus vidas por salvar las nuestras y extendieron sobre el suelo de España
el inmenso caudal negro de luto riguroso.

El que no sienta en el corazón este luto, ni es español ni es cristiano; porque el luto de España es divino y eterno, como divino y eterno es su destino inmortal, por obra y gracia de Dios.

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