PALABRAS DE SALUTACIÓN DIRIGIDAS DESDE LA EMISORA LOCAL DE VILLACARRILLO A LOS CAMARADAS JUVENILES DE “EL SALADILLO” EL DIA 16 DE MAYO DE 1.952
Camaradas juveniles de El Saladillo:
Sin otro título que el de un falangismo nacido por virtud de un juramento con la mano sobre los Evangelios, ante nuestro Fundador, ante un sacerdote y ante un Crucifijo; un falangismo arraigado además, por la satisfacción de un íntimo sentimiento y de una fe imperecedera que irá conmigo hasta la muerte, me dirijo a vosotros, jóvenes camaradas que estáis estos días en esos pintorescos montes, para enviaros, desde esta simpática emisora, un saludo cordial y un abrazo fraterno de viejo camarada, para que sepáis que si bien no estoy en cuerpo a vuestro lado, lo estoy en espíritu ya que no puedo sustraerme a esta cariñosa tentación de seguir, paso a paso todas vuestras actividades.
Mi voz, es la voz del relevo; es la voz del falangista que acaba un servicio para el falangista que lo comienza; la voz del falangista convencido a través de la experiencia para el falangista que empieza a convencerse.
Nada hay más hermoso ni más sublime para el hombre que rendir culto y consagrar su vida a un ideal supremo. El hombre que vive sin un ideal es como la bestia que pasta en los campos. Si Dios dotó al hombre de inteligencia, de palabra, de razón, no fue para que el hombre viviera como cualquier ser irracional sino para que hiciera honor a este sublime don que es el alma; para que viviera no solo en materia sino también en espíritu. Si vosotros que pretendéis ser hombres, os limitáis a vivir como una máquina, como un árbol ó como un ser irracional cualquiera no seréis jamás hombres; porque para poderse llamar hombres en el amplio sentido de la palabra y con legítimo orgullo de serlo, hay que vivir para algo mas que para sólo vivir como vive una mosca o un gusano. Hay que vivir con amor y para el amor. Hay que ofrecer la vida a Dios, a la Patria, a los padres, a los hermanos, al prójimo. Hay que, en una palabra, vivir para un ideal supremo y nada hay más supremo que Dios y que la Patria. En el amor a la patria se condensan todos los amores que nos ayudan a conllevar la vida del presente. En el amor a Dios todos los amores que nos conducen a la vida eterna. Y vosotros, jóvenes camaradas, que estáis estos días en esos bellos parajes, sobre los que nuestro Patrón San Fernando dirigiera un día, tal vez desde la fortaleza inexpugnable de Iznatoraf, su católica mirada de reconquistador de las tierras de España y de conquistados de la fé, tenéis un camino a seguir para vivir como hombres y ese camino no es otro que el camino del amor. Camino sembrado de flores de historia, camino perfumado de aromas de Evangelio. Y a eso habéis ido a ese albergue: para eso estáis en ese campamento. Las horas que dedicáis a vuestras actividades, no son horas vanas ni estériles. Son horas que os enseñan a vivir como hombres, como verdaderos hijos de Dios y de la Patria.
Las clases de geografía os dan a conocer vuestra Patria, porque nada puede ser bien amado si no es bien conocido; os hacen familiarizaros con las ciudades y con las tierras de España, con sus campos, con sus cultivos, con sus usos y costumbres.
Las lecciones de nacional-sindicalismo, de historia y de religión os dan a conocer las características racionales de vuestra heroica estirpe, os hablan de lo que fueron vuestros antepasados, de lo que significa para el hombre, para el verdadero hombre español, la unidad intangible de una España grande y libre, que si llegó a serlo, no lo fue precisamente por virtud de la indolencia, de la abulia y el abandono de los indiferentes, de los egoístas y de los incrédulos sino que lo fue por el cálido fervor ideológico de sus reyes, de sus caudillos, de sus teólogos, de sus literarios, de sus artistas, de sus navegantes, de sus conquistadores; por el esfuerzo heroico de sus soldados y por la abnegación perseverante y tenaz, también heroica de sus misioneros y de sus místicos, que todos ellos supieron despreciar la vida mientras llevaban en volandas por las cinco partes del mundo el signo de la Cruz. Por ello lleváis sobre vuestras camisas azules, precisamente, en el lugar que corresponde al corazón ese hermoso emblema de las cinco flechas, que, rígidas y punzantes, señalan las cinco rutas de las cinco partes del mundo por las que los corazones esforzados y fervorosos de nuestros hombres del pasado, fueron esparciendo brisas de amor y derramando semillas de evangelio para recoger frutos de Imperio.
No hay nación en el mundo que haya sabido cumplir con más fervor, con más ahínco, con más constancia, con más abnegación, con más desprendimiento, con más renunciación y con mayor honor que la nación española, durante siglos y siglos la alta misión que la Divina Providencia le confiera, de derramar y defender por el mundo la doctrina de Cristo. Por eso constituye España una unidad de destino universal.
Y vosotros camaradas juveniles, que estáis en el seno de la Falange, forjando vuestro espíritu de españoles, sois los herederos de este magnífico tesoro histórico y por tanto los continuadores de esta unidad de destino.
La Falange os enseña normas y os dista consignas para marchar victoriosos por ese camino de amor sembrado de flores históricas e impregnado de esencias espirituales; porque la Falange no es un partido político más sino un movimiento nacional de recuperación histórica; porque la Falange no es un modo de pensar, sino una manera de ser; una milicia y un sacerdocio a la vez, como decía José Antonio mitad monje mitad soldado. Por eso la Falange tiene su estilo peculiar, el estilo de la Falange; que repudia el egoísmo materialista y abre su noble pecho a lo espiritual, que ama el sacrificio sin ambiciones de gloria, que no teme a la muerte porque la muerte no importa y si importa no interesa; díganlo si no nuestros gloriosos caídos, los gloriosos e innumerables caídos de la Falange para los que la muerte no fue mas que un acto de servicio.
Por eso debéis estar orgullosos de vuestro cometido y por eso os felicita este viejo camarada, que forjó su espíritu en el yunque de la adversidad, y que sabe por experiencia propia que aunque todo lo tengáis en contra, aunque el mundo entero caiga sobre vosotros, no hallaréis nada mas hermoso ni mas digno que una conciencia limpia al servicio de una causa justa y la satisfacción del deber cumplido.
Y si alguien os llama Quijotes, contestad con dignidad, con solemne dignidad de hombres enteros: -¡ Más prefiero ser mil veces Quijote, que una sola vez Sancho! - y si alguien os moteja de inocentes, de tontos o de ilusos, decid, como dijo Cristo.
- ¡Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen! –
Mientras tanto, gritad con todo el fervor de vuestros corazones, siempre hasta la muerte, ¡Por el Imperio hacia Dios! ¡¡¡Arriba España!!!
domingo, 18 de noviembre de 2007
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