domingo, 18 de noviembre de 2007

RADIO VILLACARRILLO

(Primeras intervenciones)

A LOS CAMARADAS DE LA VIEJA GUARDIA
Porque la vida es corta....
Camaradas de la Vieja Guardia. Quiero hablaros con la voz de mi alma y no sé si al hablaros así podré hacerlo sin que mi palabra adolezca de rudeza al decir; pero si así fuera, espero de vosotros la condescendencia de meditar sobre si mis afirmaciones son merecedoras de vuestro perdón que en tal caso os lo pido.
Entiendo que nuestro estilo de decir, el que aprendimos de nuestro capitán que forma en la guardia de los presentes y que era tan claro y escueto como la luz de su alma. Así pues, oíd mi modo de pensar que aspiro a que sea también mi modo de ser.
Observo a los que van sobre las tierras de España con el mote de sus ideales colgado a la espalda como macuto de combatiente movilizado y a los que vivieron para España y por ella con nuestro ideal dentro de su corazón y circulando por sus venas hasta la muerte convertido en sangre de un voluntariado bizarro y glorioso. Los unos son los que van a la moda y otros los que la impusieron. Unos son acomodados y otros acomodadores. Y todos pretenden estar en las mismas filas y ni son todos los que están ni están todos los que son. Muchos pretenden ser falangistas sin serlo y otros muchos que dicen no serlo lo son y es que el falangista no es (no puede serlo) una comunidad en la que se ingresa por la simple suscripción de una ficha o por la inclusión de una lista, el falangismo, como dijo el fundador, es una manera de ser y solo puede ser falangista el que practica esta manera de ser; el que lleva el estilo inculcado en su espíritu y en todos los momentos de su vida, obedeciendo sus obras a su estilo acaba por ser un estilo consecuencia de sus obras, es decir que, el falangismo no es nominal como la asistencia a un entierro ó comunidad compuesta por diversas personas con distintas maneras de ser. En las filas del falangismo sólo pueden militar individuos de una sola manera de ser; porque el falangismo es una mezcla de milicia y sacerdocio en la que impera el espíritu de disciplina y combatividad de servicio, de sacrificio de renunciación. Falange es, amor al prójimo, amor a la patria, amor a Dios. Y vemos en honda pena y a veces con indignación que mientras unos obran por Falange, otros obran en nombre de Falange y mientras unos ponen sobre el palenque la noble arma de su puro estilo otros usan en él las armas arteras de sus conveniencias ó de sus ambiciones y sus obras son juzgadas como obras de Falange.
Y digo yo. ¿Es que podemos, a los dieciocho años, de la fundación de la Falange, los que tuvimos la dicha de escuchar el verbo cálido y austero del Fundador, los que seguimos sus postulados con ardor juvenil, que hoy se ha convertido ya en ardor viril, permanecer impasibles ante el avance descarriado de estas imposturas, sin incurrir en una responsabilidad de nuestras conciencias, ante nuestra Patria, ante nuestros caídos y ante Dios? Porque los que con la mano sobre los evangelios juramos darnos sin condiciones al servicio de nuestro estilo, hasta perder la vida no podemos vacilar ante trabas y cortapisas que puedan oponérsenos para que el logro de nuestros puros y justos ideales se rindan y sucumban ante el empuje de bastardas intenciones, que dan al traste con el sacrificio de los caídos, y conducen a la miseria de nuestros sucesores.
Los que formamos en las filas de la Vieja Guardia que ofrecimos todo, cuando no esperábamos nada, ya vamos siendo viejos e iremos extinguiéndonos poco a poco hasta llegar un día en que no quedará ninguno y estamos mas obligados que nadie a velar porque la cosecha fecunda que sembraron nuestros maestros no se infeste del tizón de bastardas pasiones. ¿O es que ya hemos olvidado que cuando todo lo teníamos en contra ocupábamos nuestro puesto de servicio, “Al aire libre bajo la noche clara, arma al brazo y en lo alto las estrellas?” ¿Es que vamos a abandonar este puesto que ocupamos “en vigilancia tensa fervorosa y segura”, ahora precisamente, cuando ya hemos, no “presentido” sino sentido el “amanecer en la alegría de nuestras entrañas”?.
Delante, pues, camaradas de la Vieja Guardia, ¡Basta de imposturas!, lancémonos con ardor combativo, con todo el poder de nuestra fé y con todo el aliento inmortal que nos presta el ejemplo heroico de los que sobre los luceros montaron estoicos la guardia eterna y con ademán impasible, arrancaremos gallardos y decididos la máscara de la farsa de la mentira y del egoísmo, aunque este arranque español y místico nos abra la puerta de la cárcel o nos levante la losa de la tumba. Y no perdamos tiempo porque la vida es corta.

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