domingo, 18 de noviembre de 2007

Las mudas paredes del casón

En el mas escondido rincón de la montaña, en el oculto y solitario paraje cuyo leve rumor de hojarasca y agua apenas interrumpo el silencio, es donde place a mi cerebro detener el murmullo de su incesante máquina pensadora para poner el espíritu en algo sublime.....Sublime como la vida de los hombres.....
Así hallábame al azar en un rincón de la montaña, junto a una casa vieja de ruinosas tapias y desamparados ventanales, y al mirarla, influenciado por un emocionante silencio, puse mi espíritu en ella y en sus hombres. ¡Viejo casón que fuiste opulencia cuando unas manos laboriosas te alzaron en la soledad de estas serranías! ¿Cuál es tu objeto y cual la misión de los hombres que se albergan bajo tu ruinosa techumbre?
Mis pensamientos se perdían en la insondable sima del misterio. ¡Quién sabe! Las habitaciones de la vieja casa no daban señales de existencia humana.....Por las ventanas y puertas astilladas nada se veía que pudiera indicar la existencia del hombre. La esterilidad de las tierras comarcanas ahuyentaba toda idea de laboriosidad campesina. ¿Qué, pues, podía motivar la existencia de aquel edificio vetusto y derruido?
Mi cerebro se deshacía en cábalas y suposiciones. Yo solo, difícilmente podría desvanecer mis dudas. Pensaba.....y de nuevo se perdía mi pensamiento en la negra sima del misterio. Solo una verdad se manifestaba visible y clara. Aquel edificio solitario era la revelación de una opulenta etapa, de una pasada bienandanza tan cierta como firmes las pedregosas tapias.....
Me alejé del escondido retiro y exclamé: ¡Mudas paredes del casón! ¡Recóndito lugar del castellano suelo, motivo de meditación psicológica! ¡Qué bello ambiente prodigáis para el estudio de la vida!....

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