Artículos Publicados en el Diario Jaén hacia los años 50
“Haciendo Patria”
“El afán de saber”
Siempre me ha gustado observar y de mis observaciones he sacado consecuencias muy útiles e interesantes. En mi constante rodar por el mundo he ido viendo casos y cosas dignas de tener muy en cuenta y que sin embargo pasan inadvertidas para la mayoría de los mortales. Estas cosas, fútiles en apariencia, encierran a veces profundas enseñanzas y a veces constituyen una manera de “Hacer Patria” callada, silenciosa, sin bombo, sin platillo, sin ruido. ¡Hay tantas maneras de “hacer Patria”! Cuantas veces pasamos junto al más insignificante sujeto sin detenernos a observarle y hasta quizás mereciéndonos, en apariencia, desprecio y sin embargo, está “haciendo Patria”. Patria hace el que con la azada en la mano cava la tierra en la linde del camino; Patria hace el que sucio y mugriento acarrea sobre sus hombros un saco de carbón o un haz de leña; porque estos insignificantes seres, en apariencia despreciables, forman parte del complicado mecanismo que “hace andar a la Patria” y “Patria hacen” todos los ciudadanos, según sean sus usos y costumbres. Generalmente “Hacen Patria” más aún los que “hacen” sin hablar que los que hablan sin hacer. Por esto no pierdo jamás oportunidad de observar; porque, amante de mi patria, me deleita ver, escudriñar, estos elementos que silenciosamente “Hacen Patria”. Se me figura al observarlos que estoy en el campo, sentado sobre una peña y veo a mis pies el tráfago incesante de un hormiguero. Materialmente ¡que pequeñas son ellas y qué grande soy yo! Sin embargo ¡que diferencia espiritual tan grande! El pequeño soy yo , que miro sin hacer, mientras ellas hacen sin mirarme siquiera y luego pienso ¡qué dignas son de admiración y de respeto! y sigo observando.
Y una y otra vez en mi constante observación llegan a mí y son objeto de meditación casos y cosas dignas de tener en cuenta y también de que las tengan en cuenta los demás.
Una hija mía Angelines ha pasado unos días en Jaén en plan de exámenes y ha conocido a unas chicas con las que pronto hizo amistad. Al despedirse se prometieron correspondencia y cumplieron su promesa. Ante mí tengo la contestación de una de ellas; se llama Paquita. No la conozco, pero su carta me ha llenado de satisfacción y de alegría, transcribo el párrafo más interesante de su carta y la remito al lector y más aún a las lectorcitas de su edad para que les sirva de ejemplo y de estímulo. Yo esperaba hallar en esta correspondencia las cincuenta tonterías propias de su edad, referentes a modas, cines, diversiones, incipientes amorosos etc. cuando me encuentro sorprendido con este párrafo que transcribo.-
“No sé que te parecerá; pero he pensado, Nines, que para que estas cartas que nos escribimos a más de servir de conservadoras de la amistad que tan pronto hicimos nos aprovechen podríamos hacernos preguntas mutuamente sobre cosas que aumenten nuestra cultura; reglas de ortografía, nombres de ríos y sitios por donde pasan, autores de poesías, etc.etc. y como muchas veces no las sabremos o no tendremos donde buscarlas daría la respuesta la misma que hiciera la pregunta ¿quieres?”.
¡Que hermoso párrafo! ¡Como evoluciona la juventud! si; todas deberían pensar lo mismo: ir abandonando poco a poco las viejas costumbres de una feminidad mal comprendida. Esta silenciosa labor de transformación del carácter de la mujer, es también una manera de “Hacer Patria”.
El afán de saber.
Villacarrillo, febrero de 1.951
domingo, 18 de noviembre de 2007
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