UNA COMARCA BAJO EL MANTO AZUL
De la Congregación Mariana de Villanueva del Arzobispo
Los actos celebrados con motivo de la Asamblea Mariana, en los que presidió el más entusiasta fervor religioso, me sugirieron la idea de exponer una tesis que desmintiera esa tendenciosa manera de presentar en el extranjero nuestra vida y costumbres y me incitaron a escribir mi anterior artículo; pero la concentración Mariana en el Santuario de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo ha corroborado con creces mis aseveraciones y no puedo menos de insistir sobre el tema haciéndola resaltar de manera singular. Perdonad mi insistencia; pero hay mentiras que hieren el alma y emociones que llegan a ella como lenitivo que calma y consuela el dolor de estas heridas; a veces profundas, y el alma, entonces también se deleita con la expansión de sus alegrías.
Permitidme que os cuente lo que vi, tal como lo vi y lo interpreté, de esta concentración de la fe Mariana de una comarca entera que rinde culto a la Virgen en las distintas advocaciones de sus Patronas.
He visto muchas romerías, muchas concentraciones, varias peregrinaciones y en todas ellas, unas más, en otras menos, la curiosidad, la expectación, han ejercido d contrapeso en la balanza para una exacta interpretación espiritual del hecho; pero en esta, la curiosidad o expectación, si la ha habido, ha sido una minúscula añadidura que no ha ejercido influencia en la balanza.
No; esta concentración, a muchos kilómetros de distancia, sin ambiente turístico, ha exigido un esfuerzo económico o físico de las gentes, en su inmensa mayoría humilde, que han acudido a ella que no se hace sino por promesa o por fe.
He observado detalles que han arrancado lágrimas a mis ojos.
La víspera de San Juan en Villacarrillo fue de un movimiento extraordinario. Las gentes iban y venían deprisa, unos buscando acoplamiento en los camiones, otros portadores de las provisiones necesarias para el día siguiente, otros cargados de flores y ramajes para adornar coches y camiones. (*) En la puerta del templo estaba preparado por la noche el camión para el trono(altar) de la Virgen y a su alrededor se desvivían unos y otros colocando los adornos, basado en ramos, flores y cintas de colores.
Dentro del templo, las damas de Acción Católica adornaban la imagen de la Virgen, colocando sobre su pecho las más valiosas y preciosas joyas, herencia y recuerdo de sus antepasados.
Y llega la mañana del veinticuatro, día de la concentración. La calle llamada, vulgarmente de La feria, hoy Avenida del generalísimo, la más amplia de la población está ocupada totalmente por coches y camiones repletos de flores que esperan la llegada de la Virgen que ha de colocarse a la cabeza de la caravana. En tanto las campanas lanzan a los cuatro vientos la alegría de su volteo y el estruendo de sus cohetes anunciando la salida de la Virgen del templo. A la puerta, un grupo reducido de mujeres de clase humilde (la mayor parte de los fieles esperaba en los camiones) obsequia a la Virgen con sus lágrimas. Lágrimas de mujer, lágrimas de madre para la Madre de Dios, lágrimas que no suelen apreciarse; pero estas lágrimas ¡dicen tanto!...
Ya marcha la Virgen por la carretera seguida por una caravana interminable de vehículos y a un lado y otro un hormiguero de gentes que caminan para cubrir las dos leguas que faltan hasta el Santuario. Unas calzadas, otras descalzas; unas con paquetes de comida y otras sin ellos. Quizás no lleguen a tiempo de oír la Misa; pero la Virgen las ha visto, las ve desde sobre la bóveda azul de este cielo andaluz y el sacrificio, la intención y la fe suplen a veces a la oración...
Desde las cinco de la mañana estuvieron los camiones haciendo viajes sin cesar. Al llegar al Santuario miles de almas de todos los pueblos del arciprestazgo esperan la llegada de la Virgen y prorrumpen en vivas y aclamaciones.
El aspecto de la explanada es sublime. Una muchedumbre abigarrada de estandartes y bandas de música interrumpen el paso de las imágenes que van llegando de todos los pueblos.
En las carreteras adyacentes cientos de automóviles aparcados y unos hormigueros de gentes que no cesan de llegar.
Durante la Misa de Pontifical oficiada por el Excmo. y Reverendísimo Obispo de la Diócesis, era tal la magnitud de la concurrencia que la potencia de los altavoces era insuficiente para alcanzar a todos los fieles. Entona su Eminencia el Gloria in Excelsis Deo y siento por la espalda el nervioso escalofrío de la emoción. Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Esta es nuestra paz. esta es nuestra verdad. Podrá, arrebatárnosla de la presencia como lo hicieron los que ahora pretenden presentarnos, no como somos sino como ellos quisieran que fuéramos; pero no de la esencia; porque la esencia no es materia que se destruye sino efluvio del alma que va emitiéndose de ella por los siglos de los siglos en la vida y después de la muerte...
Y llega la hora y la Scola Cantorun de Villanueva del Arzobispo entona admirablemente el Ave María de Palestrina y comienza la procesión de las Santas Patronas que desfilan por orden alfabético, rompiendo la marcha la Virgen de Fátima del Arroyo del Ojanco y siguen Nuestra Señora de la Paz y nuestra Señora de la Asunción de Beas de Segura, la Consolación de Castellar, Nuestra Señora de Nazaret de Chiclana de Segura, la Purísima de Iznatoraf, cuyo pueblo se descolgó en masa a pié hasta el Santuario, La purísima de Mogón, muchos de cuyos fieles subieron a pié aguas arriba del Guadalquivir, cerrando la hermosa comitiva Nuestra Señora del Rosario de Villacarrillo y Nuestra Señora de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo. Las campanas voltean sin cesar y con sus ecos juguetea el viento hasta perderse en la lejanía. En el encanto de su dulce acento late el verbo de Dios sobre la tierra.
Es ya noche, muy noche, cuando la Virgen del Rosario hace su entrada en Villacarrillo. Su recibimiento raya en lo apoteósico. El entusiasmo y el fervor son tales que no encuentro palabras para describirlo. Me imagino que unas antes y otras después, las imágenes de las distintas advocaciones, fueron así objeto de análogo fervor en sus respectivos pueblos...
Así fue el final de la Asamblea Mariana en el Arciprestazgo de Villacarrillo.
Nueve pueblos que se desbordaron en una exaltación de la fe.
¡Señora de los cielos! ¡Madre de nuestro Redentor! ¡Una comarca entera que se acoge bajo el Manto Azul de tu celestial misericordia! ¡Ruega por nosotros y no permitáis jamás que nadie interrumpa nuestra marcha triunfal y piadosa hacia Ti!...
Villacarrillo 1.951
(*) Pongo esta nota para aclarar que en aquellos tiempos no existían autocares y las excursiones se realizaban en los escasos automóviles que pertenecían a los pocos adinerados de entonces y en camiones donde se montaba a la gente apiñada de tal manera que en ocasiones quedaban magullados de los apretujones. Carros y carretas, calesas y otros artilugios se utilizaban para estas marchas. También es verdad que mucha gente se trasladaba caminando, no por hacerlo como promesa sino por falta de medios económicos. En ocasiones estas excursiones eran a distancias muy largas pero a las gentes no les importaba y las realizaban con inmensa alegría, cantando y devorando las humildes viandas que se llevaban para estas ocasiones.-
domingo, 18 de noviembre de 2007
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