¡NO PASARÁN!...
Temas de Semana Santa
Deambulo por las calles de la capital del Santo reino y... otra vez tengo que echar mano al afán de observar. Es en la mesa de un popular café. Junto a la que yo ocupo hay un grupo de tertulia animada en la que se comentan los acontecimientos del día y surge el tema de la Asamblea de Cofradías. Presto atención y analizo el aspecto exterior de los que hablan. Son cinco o seis que parecen formar corte de honor alrededor de uno de ellos, cuyo externo atuendo unido a la prosopeya en el decir, proclaman la autoridad de un rico labrador de la provincia. Los otros parecen ser deudos del primero y van en escala descendente en modos y aspecto hasta el que por más humilde parece pertenecer a la categoría de gañán, pastor o mulero. Elogia la idea de la consagración de la provincia al Santo Rostro y forman hipótesis y hacen promesas. Medito y comprendo y compruebo que la idea cuaja y se va extendiendo de arriba abajo. Salgo a la calle con el afán de observar en acción y es en la peluquería, y en casa del amigo, y en la oficina pública, y en el comercio y en todas partes donde se repite la conversación que oí en el café. esta realidad que observo, trae a mi memoria recuerdos pretéritos. ¡Aquella España del 37! ¡Materialismo exótico triunfante! por calles y campos; aquel arrastrar de imágenes sagradas; aquel destruir de altares: aquel incendiar de templos y aquellas “procesiones” de masas sectarizadas portadoras de groseras pancartas sin más signo que las banderas rojas con la hoz y el martillo, símbolo de la materia y el exterminio. Era como el tridente infernal de Satán paseando triunfalmente por las tierras de España. ¡De España! que supo ofrendar la sangre de sus hijos (para que Dios bendijera con ella rutas imperiales de las cinco partes del Mundo) siempre, siempre, ¡siempre! bajo el signo imperecedero de la Cruz.
¡No pasarán! grataban... y aquel grito amenazaba a nuestra alma como si acercaran un hierro candente a nuestros ojos...
¡No pasarán! gritaban... y en tanto, el último suspiro de los mártires y la constante oración de los cautivos se elevaba a los cielos desde todos los rincones de España como un incienso portador de muchas súplicas y de nuestra fe. Hágase Tu voluntad, repetían a todas horas, en la intimidad temerosa y escondida de sus hogares millones de corazones católicos y Su voluntad se hizo y no pudo ser otra que la victoria de la fe y de la Cruz, sobre la hoz y el martillo.
Y luego, en horas de paz y de fe, en días semejantes a estos que se acercan de la Semana Santa, las procesiones de pasión crecieron y mejoraron año tras año, y por los mismos lugares que paseara grosera y blasfema, amenazadora y grotesca la hoz y el martillo, vimos piadosos y fervientes pasar las procesiones y con imponente y silenciosa emoción escuchamos ese sublime suspiro del alma que es la saeta...
Y ahora... cuando el excelentísimo señor Gobernador civil con la primera autoridad de Jaén en laudable actitud, tanto más laudable cuanto más sincera espontánea y fervorosa, lanza la idea de la consagración de la provincia al Santo Rostro; cuando, al propio tiempo, las Cancillerías vacilan ante la duda de si España cuenta o no cuenta para formar en el concierto de las naciones que han de oponer barrera a las punzadas del tridente de Satán, es aquí, en uno de los rincones españoles en donde la voz de la calle con sus comentarios en hogares y tertulias, con sus hipótesis y sus promesas lanza a los cuatro vientos, sin estridencia, calladamente, pero con el aliento inmortal de su alma, que es el aliento de su fe, el grito implícito de ¡no pasarán!... Y levanta el valladar de sus valores espirituales, frente a la hoz y el martillo los símbolos de nuestra fe, que nada entre nosotros expresará mejor que el Santo Rostro. ¡No pasarán!.
Y no pasarán, porque las victorias de España fueron siempre victorias de la Cruz.
9-3-1.951
domingo, 18 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario