PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Alrededor de la rutina
Pasan los días laborables, y en los cafés, en las visitas, en los teatros o en las oficinas, donde quiera que un reconocido amante del deporte reposa en amena tertulia, agradable diversión o haciendo breve punto al trabajo, si al correr de la conversación sale a cuento el porque de las aficiones deportivas , oye de labios de las gentes las preguntas de siempre: ¿A que va usted a las montañas? ¿Qué hace usted en el campo? ¿Qué sacan ustedes de esas carreras y concursos?
No es extraño el oír tales preguntas, no es extraño que nos agobien con el deseo de saber lo que ignoran. No es eso lo que puede llamarnos la atención. Lo verdaderamente extraño, lo que es inconcebible, a juicio, no precisamente del que suscribe, sino de la justa razón, es que las gentes a quienes se satisfizo sus preguntas, duden de las afirmaciones del entusiasta amador de tales costumbres.
Un crecido tanto por ciento de las interrogadoras gentes, al oír las respuestas, dudan de las bellezas que se les describen, y hasta consideran de los amantes de la vida sana hombres extraños de raras costumbres, que para algunos (y lo que es mas triste, para algunos intelectuales) debieran vivir apartados de la sociedad, y hasta merecer desprecio, bajo el calificativo de locos o necios. Sin embargo, no es extraño tampoco este extremado parecer de algunas gentes.
La rutina, uno de los factores que mas importante papel desempeña en la vida, sobre todo en la vida de los que constituyen esa selección que llamamos “sociedad”, es un imán que ejerce atracción sobre todas aquellas personas que, exentas de un delicado espíritu de investigación, de análisis, déjanse inclinar a los mas vulgarizados gustos corriendo el velo de la indiferencia entre su entendimiento y aquello que a sus ojos muéstrase confuso, y no pueden concebir el placer que bajo el azul de los cielos se experimenta en aquellos lugares de mas apartados horizontes ni el bienestar que se goza después de haber practicado algunas horas el ejercicio físico.
No saben lo que es la vida al aire libre y dudan de sus encantos y de sus beneficios, porque los amantes de la vida sana somos una ínfima minoría junto a los detractores de estas aficiones. Porque, según afirman, “¿A quien se le ocurre caminar horas y horas, con el peso del morral a la espalda, sino a cuatro desequilibrados?” “Nadie que se tenga en estima – dicen –toma parte en esos concursos y carreras en los que se va medio desnudo” y terminan riéndose y hasta compadeciéndose del que, según ellos, es un infeliz que tiene la ocurrencia de hacer el oso.
Todo lo contrario sucede en las grandes capitales que figuran a la cabeza de la civilización. En toda Europa, menos en España, toda la ciudadanía, sin excepciones que no sean raras, consagra sus ocios a la distracción al aire libre. No hay aristócrata ni obrero que no pertenezca a alguna entidad deportiva. En las grandes explanadas donde se celebran las fiestas atléticas, los campeonatos de lanzamiento, los saltos, de football o de rugby, al lado del académico de 70 años se disputan los grandes premios el colegial de 14 y universitario de 22.
En vez de ridiculizar al deportista, que sabe vivir, porque ama la vida propia, amando al aire y al Sol, se menosprecia al pasivista, al apático, que, ñoñamente, se sustrae al ejercicio físico en su propio perjuicio. Hasta se le niega la mas sagrada virtud del buen ciudadano: el patriotismo.
Y mientras aquí el enmascarado motorista y el corredor de cross-country son el blanco de extrañas miradas y objeto de necias carcajadas, en la enorme pista de Broocklants se agitan millares de pañuelos vitoreando al vencedor de una insignificante prueba, y en las calles de Londres, el público, con gesto de simpatía, abre paso al grupo de semidesnudos concursantes de la prueba pedestre.
No es extraña tampoco esta diferencia de criterios en las opiniones públicas de unos y otros países. En el nuestro, ya hemos dicho que la rutina es el mas importante factor de la detracción.
Sigue la generalidad una costumbre y todos (todos los rutinarios, claro esta) hacen lo propio, porque es costumbre, sin previo análisis de aquellos gustos o preferencias de los demás.
En muchas ocasiones, algunos de esos amantes de la rutina me han interrogado con las preguntas de siempre, y han oído mi respuesta con un marcado escepticismo. ¿Por qué esa incredulidad? Acepto las preguntas; aún mas, las múltiples preguntas y hasta la duda ante aquello que han oído. Pero lo que es inaceptable hasta el mas mediocre entendimiento, es el negar en absoluto la veracidad de tales respuestas, cuando no han tenido una evidente prueba que desmienta las afirmaciones del amador de las costumbres sanas. ¿Quién es capaz de negar la existencia de habitantes en Marte? No habiendo estado allí no podemos asegurar que Marte es habitado; pero tampoco negar la existencia de seres animados en aquel planeta.
Por esta misma causa, no pretendemos convencer a los amantes de la rutina de los encantos de la vida sana; pero si podemos protestar con razón ante la negación de tales encantos por parte de aquellos que no han experimentado aún el bienestar posterior al ejercicio físico.
Este es el punto de vista desde el cual hay que estudiar el problema deportivo, este problema patrio de regeneración, que la rutinaria mayoría considera cuestión de gustos.
No valen nuestras afirmaciones ni la voluntad del espíritu exaltado, pletórico de entusiasmo y de fe. Mientras exista el amor a la rutina las preguntas se sucederán mas y mas y las respuestas serán oídas con el marcado escepticismo de siempre.
La rutina es el peor enemigo del deporte. A este importante factor debemos combatir en primer término.
Tal vez procediera campaña comentarista de los procedimientos y sistemas por los que, poco a poco, se va resolviendo en España este problema de importancia grande; y puede que no este lejano el día en que surjan los primeros chispazos. Pero nuestro espíritu, esencialmente práctico, nos debe hacer resistir de tales vaticinios.
El tiempo es el mejor profeta de los acontecimientos.
José Montejo Mayo de 1918
domingo, 18 de noviembre de 2007
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